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sábado, 28 de febrero de 2009

El Evangelio de Carlos Santana

"Dios no ve pecado", "Dios quiere que todos los hombres vivan en armonía", "Las bendiciones están para ti, simplemente tienes que tomarlas" "El Cielo no se puede ganar ni comprar, el cielo es tuyo".
En la última edición del Festival de Viña del Mar, Chile, Carlos Santana tomó un tiempo para predicar. Así es, para predicar lo que serán sus mensajes en la iglesia que pretende formar en unos años más, cuando se retire de lo que hasta aquí ha sido su trabajo: la música.
No dudo en que Dios puede tocar los corazones de cualquiera, tocó el mío y el de muchos que vivíamos en disoluciones de diferente tipo y llenos de vicios, pecados y errores. No dudo que Dios puede tomar al peor asesino, lavarlo, limpiarlo y convertirlo en un predicador del Evangelio o en un Pastor de almas.
No juzgo a Carlos Santana como personas, juzgo su filosofía religiosa. Si él forma una iglesia, ¿quién será la cabeza de esa iglesia? ¿Cristo, Buda, Krishna, la Virgen de Guadalupe o Bob Marley?
Un mensaje como "Dios no ve pecado", es bastante placentero, me aliviaría bastante saber que Dios no ve o no le importa lo malo que hago, que nunca me juzgará por los pecados que cometa. Pero eso no es así. Es precisamente el pecado el que nos separa de Dios, y el único que nos puede reconciliar con Él es Cristo. Romanos 3:23; 1 Ti 2:15.
Es cierto que vivimos en tiempos de Gracia, el Señor es amplio en perdonar. La sangre de Cristo nos limpia de todo pecado. Pero no es cierto que seamos limpiados para volvernos a ensuciar, y que no importa si volvemos a pecar.

Romanos 5:20. Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; Ro. 5:21. para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro. Ro. 6:1. ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? Ro. 6:2. En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?
La unidad y la armonía del mundo es un anhelo de Dios, pero en la unidad de la fe en Cristo, no de la fe en cualquier cosa, como si hubiera muchos caminos para llegar a Dios.
Es cierto que el cielo no se compra ni se gana, cuesta tanto que las personas, aún los cristianos puedan entender esto, que somos salvos por gracia, por medio de la fe, no por obras, para que nadie se jacte en Su Presencia. Sin embargo, la clave de la salvación y de la entrada al Reino de los Cielos es que el medio es la Fe en Cristo, no la fe sola, ni la fe en ídolos ni dioses falsos.
Cuidado con las falsas doctrinas proclamadas por alguien que no da señales de haberse convertido al evangelio de Cristo, suenan muy lindas y espirituales las palabras de Carlos Santana, pero estemos atentos a la Palabra de Dios como antorcha que alumbra en lugar oscuro, porque ésta es la palabra profética más segura.
Por
Hno. Fernando García Olmedo.

viernes, 5 de diciembre de 2008

PALABRAS DE PAZ Y NO DE MAL


Jeremías 29: 11 “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis”.

El pensamiento de Dios, su propósito, se expresa en palabra. Esta palabra profética se encuentra plasmada en la Biblia. No hay otra fuente de revelación, sino sólo la Biblia. Lo que nosotros entendemos, es iluminación, no revelación ni inspiración. Cualquier libro de un ministro, o predicación, sólo es producto de la iluminación que el Espíritu Santo nos da sobre una Palabra ya revelada.
La Profecía, es el mensaje de Dios a los hombres. La Palabra además, está escrita en los corazones de los creyentes, en el sentido de que la Palabra se hace real en nuestras vidas, se aplica, y así podemos compartirla con plena convicción y certeza, más allá de tener un mero conocimiento intelectual de ella.
Cuando Dios dice conocer los pensamientos que tiene sobre nosotros, quiere decir que tiene una visión clara de lo que hará con nosotros. Dice además, que son pensamientos de paz y no de mal, es decir, Dios no pretende dañarnos, pues no es su espíritu.
Todo aquel que pretende torcer el mensaje de Dios a su pueblo acarrea condenación. Los falsos profetas, son los que comunican un mensaje que no ha venido de Dios, tanto en un sentido negativo como en un sentido positivo.
Dios quiere el bien de los que le aman y le temen (Ro. 8:1,28) y ante eso, toda profecía en contra nuestra, no tiene poder alguno. (Números 23 y 24, los tres mensajes de Balaam).
El cumplimiento de la Profecía, cuando no es la predicción de un hecho futuro inevitable, requiere el sometimiento de quien recibe la profecía, a dicha palabra.
La profecía en nuestras relaciones
En nuestras relaciones, la comunicación verbal ocupa un lugar importante. La palabra, junto con el ejemplo, son capaces de formar el carácter de una persona. En este ámbito, podemos hacer referencia de nuestras relaciones en nuestra familia y en la iglesia.

La poderosa influencia de la palabra.
Toda persona que tiene algún tipo de autoridad sobre otra, tiene también el poder de influir en otro. Este poder, las más de las veces es otorgado por la persona que se sujeta a dicha autoridad. A veces, esta influencia es recibida inconcientemente por el subordinado, aun cuando éste se encuentre en franca rebeldía. Ej.: Todo acto de un padre, influirá en su hijo, aun cuando éste sea rebelde a la autoridad paterna. Esto se debe a que inconcientemente respondemos a los moldes de nuestra sociedad.
Todo poder o autoridad, debe ser bien ejercida, pues supone una responsabilidad. Como cristianos, tenemos que comprender que de toda autoridad que recibamos, deberemos dar cuenta. El Señor nos pedirá cuenta a todos los seres humanos, respecto de cómo hemos ejercido nuestra autoridad o influencia sobre otros. Esto abarca gobernantes, ministros cristianos, padres, empleadores, jefes o líderes.
Cuando nosotros tenemos alguna influencia sobre otros, debemos tener mayor cuidado en ajustarnos a la Palabra de Dios, a su Voluntad, al Propósito que Dios tiene con nosotros y con aquellos sobre los cuales tenemos alguna autoridad.
Cuando un líder o un padre no se ajusta a la Palabra, es capaz de dañar a alguien porque desconoce los pensamientos de Dios para esa persona.
Cuando nosotros hablamos mal a alguien, proferimos palabras de maldición, somos capaces de deformar su carácter, y esto será obstáculo para la obra de Dios en aquella persona.
Cristo habló de las palabras ociosas, de las cuales daremos cuenta. Las palabras ociosas, son juicios emitidos sin fundamento, irresponsablemente.
El que no ajusta su mente a la Palabra de Dios, fácilmente puede convertirse en un falso profeta, ya que no hablará las palabras de Dios, sino que hablará “vanidad de su mente”.

Por Fernando García O.